10 actos sencillos que te ayudan a tener motivación cada día

Cómo tener motivación cada día

¿Qué es la motivación?

El concepto de motivación se remonta a la mitad del siglo XX, cuando Abraham Maslow dio a conocer la “Pirámide de Maslow”, una teoría sobre la motivación humana. En ella, identificó las necesidades humanas, y jerarquizó las fuentes de motivación, desde las más básicas o de supervivencia, hasta las más sociales o de autorrealización.

Estas fuentes de motivación se generan por el deseo que tenemos por conseguir propósitos personales como la autosuperación (motivación intrínseca), u otro tipo de objetivos que no dependen de la propia persona, como las normas de la familia, trabajo, etc. (motivación extrínseca).

En este sentido, la motivación es la fuerza que nos impulsa a actuar (la causa del comportamiento), permitiéndonos seguir adelante incluso en las situaciones más difíciles. Por ello, es muy importante estar motivado y tener una actitud positiva para conseguir nuestros propósitos.

Sin embargo, la motivación es muy voluble, como seres humanos que somos, nos vemos influenciados por situaciones externas, por lo que es normal que nuestro estado de ánimo se vea afectado y tengamos altibajos. Son factores externos los que influyen en nuestro estado de ánimo, lo que afecta a su vez en nuestra motivación o en nuestras ganas de hacer algo. Que unos días tengamos mucha energía o ánimo en hacer algo y otro no tengamos ganas de nada. En este caso, debemos ser conscientes de que no es nada malo “estar mal”, ni debemos “sentirnos culpables” por ello.

Factores que influyen en la motivación

Como se suele decir, cada persona es un mundo y cada una de ellas tiene sus motivaciones individuales, llegando a existir grandes diferencias entre lo que motiva a una persona o a otra. No todos tenemos la misma perseverancia, empeño o energía para conseguir alcanzar nuestras metas.

Es aquí donde la personalidad se constituye como uno de los factores principales de influencia en la motivación. Según el tipo de personalidad se definen unas motivaciones principales u otras, que pueden ir desde las relaciones sociales, al perfeccionismo o al reconocimiento, etc.

Y debido a la personalidad, no solo se determinan las motivaciones, también el enfoque de las mismas. Por ejemplo, una persona que sus motivaciones estén orientadas hacia la obtención del éxito, tendrá una actitud más despreocupada y optimista. Por el contrario, alguien que se centre en evitar el fracaso, caerá más fácilmente en el estrés o la desmotivación.

En cualquiera de ellas, resulta imprescindible que exista un equilibrio entre lo que queremos conseguir y la realidad que nos rodea. Solo si somos conscientes de la realidad, podremos diferenciar si las metas que nos hemos propuesto son alcanzables, o sin embargo son muy ambiciosas. Establecer metas asumibles y no ambiciosas.

Para conseguir ese equilibrio, es recomendable hacer una lista con las principales motivaciones y centrarnos en aquellas que podemos asumir a corto plazo. De esta forma, tendremos la sensación de que los objetivos que nos hemos propuesto son alcanzables y estaremos más motivados a la hora de ponernos manos a la obra. De lo contrario, fijarse expectativas poco alcanzables, no solo desmotivan a la persona, sino que también puede causar estrés y decepción.

Pero no solo la personalidad influye en la motivación o en nuestras ganas de hacer algo. También es el resultado de la intervención de otros factores como:

  • La autoestima y la confianza en nosotros mismos son variables intrínsecas que nos llevan a perseguir y alcanzar todas las metas que nos marquemos. Es decir, cuando tenemos ilusión y confianza, no solo las tareas que tengamos que realizar para alcanzar la meta serán más gratificantes, si no también lo afrontaremos con una actitud mucho más proactiva y positiva. Algo que beneficiará sin duda a nuestro desarrollo personal o profesional (depende de los objetivos fijados), ya que avanzará más rápido.
  • El tiempo que tardamos en conseguir nuestros objetivos. Cuanto más tiempo pasa, más probabilidad de caer en la desesperación o en el agobio.
  • La meteorología: lo creamos o no, los días de verano que cuentan con más horas de sol nos animan más que los días cortos y fríos de invierno. Incluso la lluvia o el día de la semana (si es lunes o viernes) también influyen en nuestro estado de ánimo.
  • El valor que podemos obtener del resultado de las acciones que realizamos y la importancia que tienen para nosotros.
  • Las expectativas que nos creamos, o el creer que podemos cumplir los objetivos que nos hemos fijado.
  • La situación laboral: nos pasamos la mayor parte del día en el lugar de trabajo, por lo que realizar un trabajo que no nos guste hará que estemos más apáticos y desmotivados. Lo mismo ocurre cuando estamos largas temporadas desempleados. Sin embargo, una entrevista de trabajo, un ascenso o una buena noticia en el trabajo, tienen el efecto contrario e influirán a nivel de entusiasmo y motivación.
  • El reconocimiento social de nuestras acciones o comportamiento por parte de los demás dan impulso a la motivación y a la confianza en nosotros mismos.
  • Las relaciones personales: Los conflictos personales, la ilusión por recibir una buena noticia, etc, puede hacer que nos sintamos vulnerables o afectar a nuestro estado de ánimo. Rodearnos de personas positivas provocará que se nos contagie su entusiasmo. En cambio, si nos relacionamos con personas negativas, es probable que adoptemos su desmotivación o desánimo.

10 actos sencillos que te ayudan a tener motivación cada día

Estar motivados cada día para conseguir crecer personal y profesionalmente es algo que dependerá de nosotros mismos. Nada ni nadie puede elegir la actitud que debemos afrontar ante la vida. Porque nos influyen tanto las circunstancias externas, que ahondar y trabajar nuestro mundo interior, se convierte en imprescindible para conocernos a nosotros mismos. Además, asumir motivaciones o motivos impuestos por lo que nos rodea, puede entrar en conflicto con nuestros intereses individuales, por lo que las únicas motivaciones o motivos que deben movernos deben de ser los personales.

Antes de especificar los actos sencillos que te ayudarán a tener motivación cada día, debemos ser conscientes de que la motivación es un proceso complejo y no se genera de forma automática al llevar a rajatabla las siguientes pautas, pero sí pueden ayudar a aumentarla. Porque, como hemos mencionado anteriormente, la motivación puede ser muy cambiante debido a que puede verse afectada por situaciones externas.

  1. Piensa siempre en positivo
  2. Haz un diario personal que refleje tus progresos
  3. Imagínate logrando tus propósitos
  4. La competición sana con amigos siempre es fuente de motivación
  5. Prepara tu mente para los bajones
  6. No pases dos días seguidos sin avanzar en tus proyectos
  7. Busca un buen consejero
  8. Enumera las razones por las que necesitas estar motivado
  9. Descubre tus verdaderas pasiones
  10. Inspírate cada día con los pequeños detalles de la vida cotidiana

 

10 actos sencillos que te ayudan a tener motivación cada día

 

En definitiva, quizá tras leer este post te suene todo un poco utópico, porque la realidad de la vida diaria a veces es dura. La clave está en ver el lado positivo de las cosas y darle una vuelta a las dificultades para encontrar esa motivación que nos haga ilusionarnos.

¡Recuerda! que para mantener una motivación diaria o afrontar la falta de la misma, resulta imprescindible establecer expectativas u objetivos adecuados y alcanzables (siempre teniendo una dosis de realidad en mente), para que, en el caso de no conseguir la satisfacción deseada, no frustrarse, decepcionarse o entristecerse.

Y aunque no siempre sale todo como esperamos, siempre podemos reflexionar sobre si intentarlo de nuevo o si quizá debemos cambiarlo por otro objetivo más accesible.

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